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miércoles, diciembre 17, 2008

Escritura creativa a partir de la novela, por María José Aguirre

Dos personas en una misma tarde de imaginación

…No fue nada fácil para Liesel seguir sola luego del pasado que llevaba sobre los hombros, ahora se le juntaban muchas más cosas, ya no era solo su hermano, sino ahora eran Rosa, Hans, Rudy, los Steiner, y lo peor, la duda de que si Max formaba parte de ellos también.
Tomó un nuevo camino, decidió que solo confiaría en ella misma, y tal vez lo haría si se apareciera un famélico con cabello color limón…
Se tomaron su tiempo para sacar a los cuerpos sin alma, para reconstruir hogares, tal vez para gente nueva que logre disfrutar ese lugar fuera de bombardeos, fuera de llantos, fuera de corridas, de golpes entre ellos mismos, se podría hacer realidad eso.
Liesel al dar vuelta una vez más la cabeza, dejo todo el dolor ahí, así misma se dijo que ya estaba por cumplir 15 años, que la vida le había dado bastantes golpes, y antes de rendirse iba a salir adelante, iba a prosperar por ella y por cada una de las personas que pasaron en su vida, unas tal vez que ya vivieron lo que tenían que vivir, pero unos que no llegaron a eso, por eso iba a luchar; una vez más sentada, en una piedra con los dedos cruzados, esperó su milagro, estaba dispuesta a esperar hasta que algunos de los que se fueron apareciera ahí, sin nada que decir, solo con una sonrisa y una abrazo, para que en un suspiro dejen un” ya pasó”, alejándola de la pesadilla. Pero una vez más la realidad la hizo abrir los ojos y ver que tenía a un niño frente suyo, a un niño de no más de 8 años, un niño con manchas entrecortadas por lágrimas, por ropas rasgadas, por abrazos que suplicaban. Ese niño era uno de más de ellos, ya no estaba sola, no sabía nada acerca de él, pero tenían todo un camino sin rumbo para saberlo.
El niño de inmediato cayó en los brazos de Liesel, haciéndose las mismas preguntas que pasaron por la mente de ella; no dudó en devolverle lo que él pedía, ambas remeras quedaron empapadas, sentían que tenían que quedarse ahí, no esperaban la llegada de la luna y menos del sol entre los cerros, pero eso era inevitable. Y fue de ese modo en que se levantaron, se secaron las lágrimas, intercambiaron una mirada porque sabían que no tenían mucho tiempo y necesitaban un lugar donde recibir la noche, se tomaron de la mano y comenzaron a andar.
Ninguno de los dos pensó en acudir a la policía, sabían que ellos estaban por algo, que ahora ninguno podía alejarse del otro, y eso la gente de trajes no lo iba a entender.
Caminaron y caminaron durante 3 o 4 horas, el niño traía un poco de dinero, rescatado de sus pertenencias, que era suficiente como para hacer un buen viaje y al menos comer por dos días más. Llegaron a una estación de trenes, donde no había tanto pánico, la gente estaba normal, no como siempre pero circulaban sin problemas. Eran muy observados por las personas; no todas las miradas eran las mismas, unos solo pasaban y al verlos se alejaban, otros con unos niños solo reflejaban lástima en el rostro, y otros que tenían la intención de ayudarlos, eran superados por el qué dirán.
Se sentaron sobre la pared, sin llamar mucho la atención con un trozo de pan en la mano y otro poco en la bolsa, dejaron transitar con su vista un poco de gente.
De repente salió una historia de unos aproximadamente veinte minutos de la boca de Liesel, no hubo interrupciones, el niño la escuchó con mucha atención pero en ningún momento giró la vista hacia ella y mucho menos hacia sus ojos, sentía que tenía que creerle, y tenía miedo de ver otra cosa si miraba hacia esa ventana, a su corazón, él continuó esa historia, contó cómo los sorprendieron los bombardeos, con la cabeza gacha soltó que ni su mamá, ni su papá, ni su hermanita y ni su abuelita se esperaron eso. Una lágrima rodó por su mejilla y de inmediato Liesel vio a Max. El niño dejó de ser “niño”, ahora era Shmuel. Bien presentados, trataron de pensar qué harían. Él por ser pequeño, no sabía si tenía familia, ni tampoco sabía dónde. En cambio Liesel, sentía que había alguien que la esperaba y esta vez no en el cielo, sino en la realidad. No sentía nada de rencor, sino todo lo contrario, ahora finalmente sabía que en el interior del niño estaban dos personas que dejaron una gran huella en su corta vida, sabía que a la persona que ella sentía que estaba esperándola, no se iba a molestar. El crepúsculo se tornó más desafiante que nunca, se levantaron, compraron esos dulces que le revivían los momentos que había pasado con Rudy; dos señores tal vez afortunados o tal vez no, estaban sentados cada uno con su instrumento, uno con su acordeón y otro con su piano, tocaban un hermoso lento, un lento que nacía de dos personas que aprendieron oyendo, para las que el tacto era su fiel amigo, expresaron notas musicales que llevaron a un fuerte apretón de manos entre Liesel y Shmuel, con calma caminaron hacia el tren y se fueron; sus almas y una más quedaron conversando, las mismas se quedaron saboreando caramelos, sus almas y una más, que una y otra vez le pasaba la idea de que esas personas realmente le ganaron a ella, se quedaron escuchando el lento. Sus almas quedaron, pero los verdaderos compañeros se fueron sentados de espaldas a la estación. Su imaginación logró mezclarse y fue ahí cuando estuvieron más seguros que llegaron hasta ahí para protegerse y acogerse como alguien más lo haría tal vez…


AGUIRRE, María José
5°2°

4 comentarios:

JulioLópez09 dijo...

bueno

JulioLópez09 dijo...

La escritura creativa de mi compañera me parecio muy interesante me llamo mucho la atencion la continuacion despues del bombardeo..

Mauricio Gatica dijo...

La continuacion realmente es muy entretenida, es decir, logra al menos recopilar y realizar uno de los tantos deseos de Liesel

Mauricio Gatica dijo...

La continuacion realmente es muy entretenida, es decir, logra al menos recopilar y realizar uno de los tantos deseos de Liesel

Un corto de los chicos de la promo 2007

Este es uno de los productos del taller de cortos de este año en Idioma Nacional de sexto. Espero que les guste. Les cuento que se basó en un poema de Alejandra Pizarnik y el guión y la actuación y todo pertenece a Valentina Ovejero Arauz y a Carolina Cañazares.

Un corto de los chicos de sexto año para compartir

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